Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Degranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo los cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.
He visto este 1er párrafo tres veces (cuatro contando que lo acabo de escribir) y todavía hace que se me quede la piel de gallina y entre en un mundo de prosa del que no quiera salir.
Todo empezó cuando estaba en 3º de E.S.O. cuando para lengua nos tocó un profesor que estaba más interesado en que quisiéramos leer y escribir ( no solo en la revista del Instituto que el hacia y que tantos años he "ayudado" a rellenar) a que aprendiésemos a descomponer intrínsecas oraciones y demás cosas inverosímiles. Trajo un libro bastante grande, y nos leyó el primer capítulo. Se titulaba "La Sombra del Viento" y tras ese nombre enigmático, mientras mi compañero de al lado dormía, yo quedaba atrapado en sus páginas.
La 2º vez fué no hace mucho, ya en 1º de Bachiller, cuando me volvió a tocar ese mismo profesor para clases de Literatura Universal. Nos volvió a traer el mismo libro con la misma euforia que hizo tres años atrás. Cuando volví a escucharlo, sentí que su magia no había muerto.
La 3º fué cuando ya me animé a coger el libro y leerlo. Quería saber que pasaba después de ese 1er capítulo. Ávido de sus palabras, me entregue de lleno a su lectura, y no me defraudó.
Me adentré en un mundo que inexoráblemente me atrapaba mas y más. Me sumergía en las calles de la Barcelona franquista (por fín un libro que leo y en el que me puedo situar, entender y conocer la descripción de los paisajes) buscando al lado de sus protagonistas misterios que se nos quedaban grandes, pero que no nos importaba, pues esos secretos eran nuestra droga, y estábamos con el mono.
Poco a poco, los personajes me hiban dando algo de ellos (y quizás yo a ellos) dejándome adentrarme en sus vidas, en sus pensamientos y en sus sentimientos mas oscuros y profundos. Mientras, íbamos abriendo puertas que arrojaban algo de luz al misterio.
En La Sombra del Viento, nos adentramos en los pasadizos de la memoria y el embrujo de los libros. La trama se va desgranando lentamente en un torbellino de vidas entrelazadas y un misterio que no deja vislumbrar su resolución hasta la última página. Enganchándonos, haciéndonos perder horas de sueño, conviertiéndonos en uno más de los seis millones de personas que ya han vivido esa experiencia.




